Cuando la vida te empuja hacia una nueva versión…

Reinventarse para encontrar una nueva manera de ver y experimentar la vida cotidiana implica, de alguna forma, dejar morir la versión que habías construido y perfeccionado en el día a día. Abandonar ese lugar conocido desde el cual las certezas generaban una relativa comodidad y seguridad, dentro de un escenario cuyos elementos parecían suficientemente acotados y definidos como para sostener una vida plena, con la sensación de contar con un lugar seguro.
Puedo decir que la vida me ha llevado por algunos escenarios en los que he tenido que gestionar mis emociones y mis rutinas desde nuevas versiones de mí mismo, buscando otras motivaciones y nuevos desafíos. Volver a empezar desde la inestabilidad, la incomodidad y el miedo a lo desconocido, sosteniendo, sin embargo, la voluntad de descubrir lo nuevo sin perder la capacidad de asombro ni la curiosidad; avanzando con determinación, pero procurando conservar la esencia.
Reinventarse en medio de quiebres emocionales irreversibles es también una forma de supervivencia. Es medir nuestra capacidad de comenzar nuevamente cuando estamos rotos, debilitados, desorientados o con miedo; cuando atravesamos situaciones que no conocíamos ni imaginábamos y nos preguntamos si seremos capaces de hacerlo, si aparecerán nuevamente las motivaciones y las fuerzas que nos movilizan, si volveremos a tener ganas de continuar.
Vivir una nueva realidad me llevó a mirarme otra vez y a reconocerme; a conectar con mayor intensidad con la esencia, con esa parte profunda que permanece. A sostener la ilusión de volver a armarme por dentro y desde adentro, construyendo una versión diferente, fortalecida y quizás más sabia, capaz de descubrir otros caminos y aprendizajes, pero, sobre todo, de recuperar la alegría, la ilusión, la confianza, la paz y el sosiego.
Un nuevo escenario, una nueva realidad, pueden convertirse en verdaderas mutaciones que nos obligan al cambio. Es nuestra estructura interior y su capacidad de resiliencia la que nos permite cruzar ese umbral de manera creativa, sin perder el propósito, aun sin tener todas las respuestas y, sobre todo, sin detenernos.
En este recorrido descubrimos también que algunas realidades no suceden como las soñamos ni como las planeamos. Encontramos adversidades donde creíamos que no existían; perdemos amores y afectos que considerábamos seguros por haberles entregado tanto amor y dedicación. Al mismo tiempo, recibimos bendiciones, cariño y energía de seres que quizá no estaban tan cerca. Son tiempos de transformación que nos colocan en una suerte de modo de aventura, donde, desde mi mirada, uno de los caminos más sanos es la reinvención, aunque esta venga acompañada de ansiedad, incertidumbre y temor.
Si trasladamos esta reflexión a nuestra vida como arquitectos, podemos reconocer que buena parte de nuestro hacer está marcada precisamente por esa necesidad de reinventarnos. El pensamiento crítico, flexible y creativo nos obliga constantemente a reconsiderar certezas, ensayar alternativas y asumir una actitud resiliente para sostener propuestas arriesgadas o inéditas, enfrentando limitaciones y obstáculos. Sin embargo, ese desplazamiento no parte del vacío: se construye sobre el conocimiento, las convicciones y las certezas acumuladas a lo largo de nuestras vidas.
Cada proyecto plantea desafíos y escenarios distintos, incluso cuando los programas son similares. Al abordarlos exploramos, probamos y experimentamos en busca de respuestas particulares, generando diferentes versiones y expandiendo el conocimiento a partir de la propia experiencia. Este recorrido suele mantenernos en un estado de alerta e incluso de ansiedad, semejante al temor que provoca el vacío o el espacio en blanco que espera nuestra intervención.
Dentro de este camino creativo, las respuestas diferirán según el grado de ruptura respecto de los contenidos que han sostenido la Obra a través del tiempo. Existirán proyectos que podrán reconocerse con facilidad como distintas versiones de un mismo proceso creativo, articuladas mediante un hilo conductor. Otros, en cambio, ya sea por las condiciones particulares de la propia Obra o por el momento vital del arquitecto, evidenciarán rupturas más drásticas y abrirán paso a nuevos contenidos, incluso alejados de lo que se venía haciendo.
Son momentos en los que aparecen opciones inéditas, quizás de mayor riesgo y construidas desde puntos de partida diferentes. Estas transformaciones dejan ver la dimensión exploratoria del proceso y la amplitud de sus posibilidades. Sin embargo, aun en medio de la ruptura, es posible preservar la esencia y aquellos conceptos fundamentales que han ido configurando la estructura general del pensamiento creativo del arquitecto.
Las múltiples versiones y la reinvención forman así parte sustancial del proceso creativo. Con el tiempo, estas acciones terminan convirtiéndose también en una disciplina de vida que, acompañada por la pasión por el oficio, se vincula profundamente con lo vital. Reinventarse permite construir fortalezas y ampliar nuestra capacidad de respuesta frente a realidades complejas, incómodas o dolorosas.
Desde esta perspectiva, la búsqueda, el movimiento, el aprendizaje y la construcción de lo nuevo mientras uno mismo está mutando pueden convertirse también en formas de sanar y reparar. Es transformarse en medio de la acción; realizar cambios y redireccionamientos sin dejar de avanzar. Pero es, al mismo tiempo, comprender que el silencio y la pausa no representan necesariamente una interrupción del camino, sino que pueden formar parte esencial del propio movimiento.

Escrito por María Isabel Fuentes Harismendy – Septiembre 2026

 

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