Hacer arquitectura en esencia y consciencia.,

Como arquitecta de la nueva generación, donde mi formación se ha ido desarrollando en torno al avance acelerado de las herramientas tecnológicas, la optimización del tiempo y la anhelada eficiencia, me visualizo en un constante desafío por mantenerme despierta y consciente, y reaccionar hacia un mundo desenfrenado en donde la sensibilidad de decisión y acción no es un común denominador. Junto con esto, los primeros acercamientos, construir el camino, descubrir nuestra identidad y lograr exteriorizarla con libertad, son parte del reto.

Entre el camino de la profesión y sus rutas de crecimiento, es relevante reconocer el papel de la academia, al ser por lo general, uno de los primeros acercamientos en el desarrollo de quien se interesa por hacer arquitectura. Por una parte, está el mentor, quien asume el deber de elegir metodologías de arranque, consciencia y enfoque, con la posibilidad de sembrar visión y sensibilidad; y, por otra parte, el pupilo, capaz de mostrarse dispuesto y abierto a receptar información, empezar a definir criterios, y responsable de utilizar al máximo las herramientas a su alcance para experimentar y descubrir la punta del Iceberg, listo para ir al mundo a sumergirse, y continuar explorando.

Como arquitectos, podemos plantearnos como meta hacer una recapitulación desde donde todo empieza, para reflexionar, reestructurar y potenciar lo existente. La arquitectura en esencia, desde mi perspectiva se basa en un ejercicio de corresponsabilidad, expresiones naturales, la suma de voluntades, y en seguir una ruta en la que nos encontremos acompañados, avanzando y dejando huellas… mientras leemos el camino trazado por quienes han sido precursores del mismo esfuerzo. Luego, en el transcurso de nuestro desarrollo, nos podremos encontrar en distintos espacios para autodescubrirnos y formar criterios con base en nuestras creencias, propias de cada una de nuestras distintas identidades.

De la misma manera, pienso que junto a la búsqueda y experimentación, despertar y mantener la inquietud es un primer paso para la acción, por la cual nos podamos sentir impulsados a ver más allá de la serie repetitiva y de la información inmediata, para que nos permita situar la coherencia y la sensibilidad como protagonistas en nuestro ejercicio cotidiano de la profesión, y así lograr desde nuestra visión, una reinterpretación de lo que

por la aceptación de las masas se ha ido tomando las riendas, empezando por lo instantáneo, la tendencia y los propios intereses, hasta las normas estáticas que nos llevan a hacer arquitectura como si siguiéramos fórmulas y procesos matemáticos.

Pero, si de formar nuestra identidad y sernos fieles a nuestros sentidos se tratara, ¿Cuándo se puede ver expresado nuestro interior?

Hacer arquitectura con esencia, es la consecuencia de ser con libertad, con nuestras ideas y expresiones genuinas, es permitirnos dudar para creer y crear. Siendo así, seguramente la creación va a ser el resultado de la inspiración propia, con soluciones espaciales a partir de expresiones sensoriales. Hacer arquitectura con la mente y el cuerpo presente, vivir y sentir la luz, la sombra, los materiales, la naturaleza… mantenernos en contacto con lo que nos rodea observando atentos nuestras reacciones, y sobre todo pensando en el espacio como hábitat del ser humano. Para mí, es la respuesta a una sana arquitectura; es el ejercicio y puesta en práctica para mantenernos despiertos y conscientes al momento de crear frente a un mundo que pierde el foco.

Crear, sin el fin de intentar cambiar al mundo con la arquitectura, pero sí donde nos podamos ver sin velos que oculten nuestra esencia, y donde los resultados del creativo sean reflejo de sus propias expresiones, pensadas y diseñadas de manera holística por y para el ser humano y su contexto.

 

Escrito por Camila Doylet

Septiembre 2023

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